lunes, 11 de julio de 2016

EL HOMBRE QUE SE QUEDÓ PLANTADO...

Bajaba por la calle Balmes en una bicicleta del “Bicing” y se paró esperando que se abriera un semáforo. Pronto se dio cuenta que ocurría algo: se había quedado allí plantado.
Iban transcurriendo los días, las semanas, los meses, los años y el hombre seguía allí plantado encima de su bicicleta del “Bicing”. Al principio tuvo una ligera intranquilidad. Pero como vio que no pasaba nada se despreocupó y siguió allí. Como no tenía hambre ni ganas de ir al wc no le dio más vueltas al asunto. Total tampoco tenía prisa.
A medida que se sucedían las décadas y los siglos el hombre se convirtió en espectador de la evolución del planeta. La gente y las situaciones giraban a su alrededor sin prestarle atención. Debía ser que no lo veían.
Desaparecieron los coches y los semáforos y la gente se teletransportaba vestidos con túnicas plateadas. Hubo una invasión de extraterrestres que primero fue bien acogida, y tras unas guerras de varios siglos, fue repelida. La especie humana cedió su papel hegemónico en el planeta a otra especie animal más evolucionada (que no describiremos a fin no herir la sensibilidad del lector). Nuestro hombre seguía allí plantado.
Millones de años después el sol se apagó convirtiéndose en un agujero negro y toda la vida en el planeta se extinguió mientras el hombre seguía plantado con su bicicleta del “Bicing” en lo que había sido el cruce de las calles Balmes y Aragón.

Tetratrillones de miles de trillones de siglos después (o como sea pero mucho tiempo) el universo en expansión se expandió tanto que desapareció, momento en el cual hubo un nuevo “Big Bang” y comenzó la evolución.


Nació, de nuevo, el Sol, el Sistema Solar y la Tierra que generó vida.
Del caldo inicial unas bacterias empezaron a transformarse, mientras el hombre seguía allí plantado, hasta convertirse en animales. El hombre se inquietó, ligeramente, cuando el inmenso Tiranosaurio  Rex dio una dentellada justo por encima de su cabeza...
La extinción de los dinosaurios dio paso a la evolución de los homínidos. Llegaron los fenicios y fundaron un poblado en el que los romanos establecieron un campamento llamado Barcino. El hombre, que conocía esto por la historia, se iba encontrando más a gusto. De buena gana empezaría a pedalear. Pero claro, aún no había llegado Cerdá a hacer el Ensanche barcelonés y por tanto no existía ni la calle Balmes ni los semáforos. Con lo cual siguió allí plantado.
En la Edad Media quemaron una bruja justo delante de sus narices, fuera de la ciudad que ya era toda una capital del reino. Y él allí de espectador. Luego que si Pedro el Ceremonioso, que si los Ramón Berenguer y las Ermesendas, lo normal, vamos. A su lado pasaron en carro los canteros que construían Santa María del Mar, los compromisarios del Compromiso de Caspe, los segadores que iban a la revuelta, los anarquistas que limpiaron iglesias de artificiosidades barrocas.
A sus pies construyeron la calle Balmes y el metro, años más tarde colocaron un semáforo en la esquina, el Dictador murió y mucha gente bajó por la calle Balmes para celebrarlo, se casó una hija choriza del reyezuelo que había impuesto, personas gritaron “No a La Guerra” (que por lo visto luego no existió), otras pasaron con banderas de colores reivindicando que ser como eran...
Una abogada con mochila, bordón y vieira paró en el paso de cebra y miró hacia él como si lo viese…
Alguien tuvo la excelente idea de inventar el “Bicing”, criticado por “los de siempre”..¡Que pereza!

Entonces la luz del semáforo se puso de color verde y el hombre dejó de estar allí plantado y siguió, como si tal cosa, por la calle Balmes en su bicicleta del “Bicing”.
En la esquina de la calle Diputación lo esperaban sus amigos.
-        Como siempre llegas tarde.
-        Es que me he parado un rato- Y pensó que su imaginación estaba desatada jugándole malas pasadas. 

Cuando sacó de la mochila el libro que les tenía que devolver, se encontró con que llevaba un trozo de alienígena verde pegado en la suela del zapato, una quemadura de ceniza de volcán en la manga de la camisa, un pelo del bicho aquel que superó al hombre en la evolución, una bacteria primigenia adherida a la chaqueta, un fósil de trilobites enano junto un diente de Tiranosauro Rex en el dobladillo del pantalón, una raedera de Homo Habilis en el bolsillo de la camisa, una lamparilla romana al lado de una moneda con la cara de Ramón Berenguer IV en el otro bolsillo, una esquirla de piedra de Santa María del Mar pegada a un trozo de manifiesto de la Guerra dels Segadors; en el pelo confeti de la celebración de la muerte del Dictador, en la mano un panfleto de la Manifestación del No a la Guerra y otro de un local de moda...

11 comentarios:

  1. Muy buena entrada. Felicidades eres un crack escribiendo¡¡¡¡ Ya espero la próxima publicación ¡¡¡

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    1. Muchas gracias Leopold.
      Gracias por leerme y por que te guste.
      Estoy trabajando en la próxima.

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  2. Me súper encanta...!!!

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    1. Jo Manu. Muchísimas gracias!!!
      Un abrazo enorme.

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  3. M'ha agradat molt, però molt!!!! Tot un exercisi de imaginaciò onírica, amb un xic de ironía. Olé!!!!

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    1. Moltes gràcies.
      M'ho vaig passar molt bé escribint-ho.
      Una abraçada.

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  4. M'ha agradat molt, però molt!!!! Tot un exercisi de imaginaciò onírica, amb un xic de ironía. Olé!!!!

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